La auténtica brecha digital [The real digital divide]

IPN Critical Opinion articles

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Saturday, November 26, 2005

Varias agencias dedicadas al tema del desarrollo, de la mano de las Naciones Unidas, han elevado un clamor sobre las maravillas que la tecnología de la información y las telecomunicaciones pueden hacer para curar los males del mundo subdesarrollado. Para ellos, la solución es muy simple: los ricos tienen computadoras; los pobres no tienen. Por lo tanto, demos computadoras a los pobres, y así los haremos ricos.

Durante la reciente cumbre sobre la Sociedad de la Información en Túnez, se habló mucho de la "brecha digital", y se hicieron llamados para establecer un "fondo global de solidaridad".

Asombradas como están por las maravillas del comercio electrónico, la sociedad global de la información y la educación en línea, estas instituciones parecen creer que la disponibilidad de nuevas tecnologías logrará, por sí sola, que estos países puedan dejar atrás décadas de corrupción y gobiernos incompetentes, y dar un salto rápido hacia grandes logros.

Sin embargo, las barreras al desarrollo tecnológico son exactamente las mismas que impiden el desarrollo económico en general: restricciones al funcionamiento de los mercados, ausencia de leyes contractuales adecuadas, burocracia, corrupción, etcétera.

Si estos problemas persisten, la mera destinación de recursos hacia la tecnología de la información se convertirá en otro elefante blanco. Para poder saber si una economía es capaz de alcanzar el desarrollo, debemos indagar cómo es su entorno de negocios, sus leyes, su sistema judicial, sus reglas de inversión.

En el caso de la tecnología de la información, es importante saber si el país en cuestión permite la prestación privada de servicios de Internet, si existe competencia en telecomunicaciones y si los ciudadanos tienen acceso a proveedores comerciales. En Etiopía, por ejemplo, el monopolio estatal de telecomunicaciones, al no estar sometido a la competencia, no tiene razón alguna para prestar un servicio de buena calidad a costos razonables. En Africa, Etiopía es el mayor beneficiario de ayuda externa, sin embargo, aun así, un habitante promedio que tiene un ingreso aproximado de $ 700 dólares al año debe pagar allí casi $ 100 dólares para suscribirse a un proveedor local de telefonía móvil.

Pero hay una luz de esperanza. La rápida expansión de los teléfonos móviles en algunos países de Africa muestra que los empresarios locales pueden, de hecho, saltar por la vía inalámbrica todas las fallas de infraestructura y de gobierno que han impedido la expansión de servicios de telefonía fija y que han impedido que sean los empresarios quienes los brinden.

Reuniones como la de Túnez podrían servir para llamar la atención sobre las verdaderas barreras que impiden el crecimiento económico y el aumento en acceso a tecnología de la información: rígidos controles estatales, tributación excesiva, regulaciones pesadas, etcétera. Allí es donde está la verdadera brecha del desarrollo.